Por qué el cráter de Ngorongoro es el paisaje más impactante de África

Por qué el cráter de Ngorongoro es el paisaje más impactante de África

En Tanzania existen 15 parques naturales, más de una docena de reservas terrestres, varias más marinas y una zona de conservación creada, no sólo para proteger la fauna del lugar, sino también para preservar el modo de vida de los masais, una de las tribus más conocidas de África, que perdieron parte de su territorio cuando el Serengeti se convirtió en parque natural. Con estos credenciales, queda claro que un viaje a Tanzania exige visitar algunas de estas maravillas naturales y que lo complicado es elegir con cuál de ellas quedarse. La teoría dice que el mejor sitio para ver felinos es el Serengeti, si le apasionan los elefantes no debería perderse el Parque Nacional de Tarangire y si su apuesta es por los primates, las montañas de Gombe y Mahale le encantarán. Sin embargo, si lo que busca es una de las imágenes más completas de África, la mejor opción es el cráter del Ngorongoro.

No sólo porque este antiguo volcán está considerado el territorio más pequeño en el que se puede encontrar a los llamados Cinco Grandes -león, elefante, búfalo, leopardo y rinoceronte-, porque en los alrededores del cráter pueda toparse con auténticos masais guiando a sus rebaños o porque en esta zona, concretamente en la garganta de Oldupai, se encuentre uno de los yacimientos arqueológicos más importantes de África. También porque la imagen de un amanecer escalando por las crestas de más de 400 metros que rodean el cráter le ofrecerá un aspecto de África que probablemente nunca imaginó y que seguramente nunca olvidará. Para conseguirlo, lo mejor es alcanzar la entrada del cráter a las 6.00 a.m, la hora en la que se abren las puertas. Para ello, se debe pasar la noche en uno de los lodges que se encuentran en el mismo borde. Aquí podrá encontrar varios tipos de antílope comiendo sin inmutarse ante la puerta de su balcón o un elefante paseando por el patio. No hay que olvidar que estos alojamientos se encuentran en la Zona de Conservación por lo que aquí son los animales los que mandan y habrá que seguir unas normas básicas, como no dejar comida en los exteriores de la habitación o, si se quiere pasear por las instalaciones de noche, deberá hacerse acompañado por uno de los askaris, los vigilantes del establecimiento.

El camino al cráter desde el lodge también puede estar salpicado de encuentros con cualquier animal, gacelas, búfalos o alguna manada de elefantes que cruza la carretera campo a través sin alterarse ante la presencia de los todoterrenos, el único modo permitido de acceder al cráter. Durante la travesía es fácil vislumbrar también los pequeños poblados masais que conservan sus derechos de pastoreo en esta zona aunque, cuando el sol comienza a colarse entre las crestas del cráter es difícil concentrarse en otra cosa que no sea la sobrecogedora panorámica que va apareciendo ante los ojos.

Interminables llanuras moteadas de pequeños lagos que, a esta hora del día, devuelven una atmósfera verdeazulada en la que, agudizando la vista, empiezan a aparecer centenares de herbívoros pastando tranquilamente junto a la carretera; cebras, antílopes, búfalos y ñus que rompen a correr en una controlada estampida si se encuentran cerca del camino y que apenas levantan la cabeza si consideran suficiente la distancia que les separa del todoterreno.

Ese es precisamente uno de los encantos del cráter del Ngorongoro, a pesar de que los vehículos tienen prohibido salirse de los senderos establecidos, es sencillo que los animales, relativamente acostumbrados a la presencia del hombre, se acerquen a los todoterrenos hasta distancias que algunos considerarían impensables. Aquí es posible que una manada de leones se pasee altivamente a escasos centímetros de un jeep o que una familia de elefantes decida cruzar la pista de tierra a un par de metros de los visitantes.

Sin duda, el animal más esquivo, no solo en esta zona sino en todo el país, es el rinoceronte negro que se encuentra en peligro de extinción crítico y que aquí aún conserva unos cuantos ejemplares. Es el más difícil de encontrar pero el pequeño tamaño del cráter -apenas 20 kilómetros de diámetro- facilita cualquier avistamiento y lo convierte en otro de los grandes atractivos del Ngorongoro.

En apenas un día aquí es posible observar en pradera abierta centenares de cebras, ñus, búfalos, varios tipos de antílopes y gacelas, avestruces, jabalíes, hienas, guepardos, chacales, leones y rinocerontes negros, entre muchos otros. En el bosque de Lerai suelen encontrarse manadas de elefantes, especialmente a primera hora del día, y si se tiene suerte, algún leopardo encaramado a las ramas de un árbol mientras que junto al lago Magadi, la principal fuente de agua de los animales dentro del cráter, es fácil ver hipopótamos y flamencos.

El único animal que falta en este insólito edén es la jirafa que, aunque no se encuentra en el cráter, sí puede verse dentro de la zona de conservación del Ngorongoro donde las pendientes no son tan pronunciadas. Y es que en esta caldera intacta que colapsó hace 3 millones de años se formó una burbuja inalterada donde convive gran parte de la verdadera esencia de África. Y todo en un diámetro de apenas 20 kilómetros.