La sentida carta dirigida a Rafael Garay

La sentida carta dirigida a Rafael Garay

Como Rosa María Espinoza Vigueras se identifica la mujer que firma una emotiva carta publicada hoy por El Mercurio, en donde se dirige desilusionada al desaparecido economista Rafael Garay.

En la misiva, que ha tenido amplia repercusión en redes sociales, la autora cuenta que su madre falleció hace pocos días de cáncer similar al que supuestamente padece Garay y hasta casi el último de sus días demostró una gran preocupación por la salud del reconocido personaje buscado por Interpol.

Siempre dirigiéndose hacia Garay, la mujer relata frases como la siguiente: «No imaginas cuánto de su escaso tiempo destinó a tu fantasía. Ella, incluso durante su agonía, se compadecía de ti porque ‘eras tan joven y tan preparado’, y de alguna forma sentía que en su propia vida un cáncer de esa magnitud tenía más sentido que en la tuya».

El texto finaliza con un claro llamado: «Ojalá puedas devolver el dinero que debes».

 

Señor Director:

Por su intermedio quisiera transmitir un mensaje a Rafael Garay Pita, donde quiera que este se encuentre:

«Rafael, no imaginas cuánto tiempo mi madre enferma destinó a conocer tu historia, a buscar los testimonios de tu enfermedad en internet, a esperar los programas de TV en los que aparecerías. En la medida en que el glioblastoma multiforme grado IV crecía en su cerebro, le fue más difícil acceder a información tuya y nos pedía a sus hijos googlearte y leerle, siempre preocupada de tu estado de salud».

«No imaginas cuánto de su escaso tiempo destinó a tu fantasía. Ella, incluso durante su agonía, se compadecía de ti porque «eras tan joven y tan preparado», y de alguna forma sentía que en su propia vida un cáncer de esa magnitud tenía más sentido que en la tuya».

«Mi madre murió el 7 de septiembre pasado, tras 11 meses de enfermedad, deseando que el milagro de la recuperación ocurriera en ti y no en ella, a sus 64 años».

«Ojalá puedas devolver el dinero que debes. Contigo, mi familia perdió mucho más que eso, pues, como imagino sabrás, el tiempo es irrecuperable».

Rosa María Espinoza Vigueras